Este año, la Provincia Franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán cumplió el quingentésimo aniversario de su fundación en el territorio mexicano. Era 1525 cuando los frailes franciscanos llegaron a la región lacustre de Michoacán (a la ciudad de Tzintuntzan) a petición del rey purépecha Caltzontzin Tanganxoan. Actualmente, la Provincia de San Pedro y San Pablo abarca los territorios de Chihuahua, Ciudad de México, Guanajuato, Michoacán, Querétaro, así como El Paso, Texas. A través del tiempo, los Hermanos Menores -como se les conoce a los frailes franciscanos- se han distinguido por su testimonio radical del Evangelio cristiano.

San Francisco de Asís fue un noble italiano, hijo de un rico comerciante, nacido en 1181 quien fundó la Orden de Frailes Menores en 1209. Era 1219 -casi 300 años antes de la llegada de los franciscanos a México- cuando San Francisco de Asís se encontró con el sultán al-Malik al-Kamil durante la Quinta Cruzada. A pesar del grave conflicto entre cristianos y musulmanes, Francisco de Asís mostró su disposición a la no condena, sino al diálogo, al cruzar una línea de guerra sin armas. Este gesto del santo de Asís se recuerda como uno de respeto por el otro: los creyentes de Alá, con quienes mantenía profundas diferencias religiosas.
En México sería deseable que, así como lo han hecho los templos de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús del Centro Histórico de Querétaro junto con el Coro Coral Operístico Santiago, pueda replicarse en cada uno de los templos del país los conciertos navideños.
En el Centro Histórico de Querétaro se yergue, en la esquina de Ángela Peralta y Corregidora, el Templo y Convento de San Antonio de Padua. Este templo de la Orden de San Francisco es una de las joyas arquitectónicas heredadas de la época novohispana en el Centro Histórico de Querétaro. El conjunto de San Antonio de Padua pertenece, junto con otros templos de los agustinos, dominicos, carmelitas a la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús con sede en el Templo y Ex convento de Santa Clara. La Parroquia Sagrado Corazón de Jesús es una de las 118 que forma parte de la Diócesis de Querétaro erigida por el papa Pío IX el 7 de febrero de 1864.

Cualquier visitante del Templo de San Antonio al entrar puede contemplar la belleza arquitectónica de este luminoso templo con paredes rosadas que datan del siglo XVII. Un imponente Antonio de Padua sosteniendo a un Niño Jesús en sus brazos es la imagen que se encuentra de frente al entrar al templo. Flanqueado por San Francisco de Asís y San Diego de Alcalá, el primero, fundador de la orden, mientras que el segundo un fraile franciscano español. El contemplar esta imagen, nos recuerda indubitablemente la columna vertebral de la fe cristiana: el reconocimiento de Jesús de Nazareth como Dios único y trino.
Sin lugar a duda, ello redundaría en que la magia del concierto navideño se descubra cuando los asistentes puedan volver a comprender el verdadero significado de la Navidad: la alegría y el gozo por la llegada de Nuestro Dios hecho hombre.
El inicio de la construcción del Templo y Convento de San Antonio de Padua se remonta a 1613 consagrándose al santo paduano desde sus orígenes. Antonio de Padua, cuyo nombre secular fue Fernando Martim de BULHOES e TAVEIRA AZEVEDO, nació en Lisboa, Reino de Portugal el 15 de agosto de 1195. Fernando Martim de BULHOES era canónigo agustino en Coímbra y, luego de un encuentro con los frailes franciscanos, se unió a la orden en 1220. A su muerte, el taumaturgo de Padua fue canonizado por el papa Gregorio IX el 30 de mayo de 1232, mientras que el papa Pío XII lo proclamó como Doctor de la Iglesia hasta 1946.

La conmemoración del nacimiento de Jesús se celebra en la época en que, a pesar de las inclemencias del tiempo, los días se vuelven cálidos. En México, la Navidad se anuncia con la celebración de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, continuando con la festividad por el Día de la Virgen de Guadalupe. Después vienen las posadas cuando la gente se reúne en sus colonias y barrios a celebrar, junto con familiares y vecinos, la natividad de Jesús. Durante Navidad, las reuniones familiares, o con las amistades, tornan esta época una de las más luminosas para los creyentes.
La Navidad debe volver a ser ese momento del año que permita a las personas, creyentes o no, meditar sobre lo acontecido durante el año, así como reflexionar sobre los planes y proyectos del siguiente.
En cualquier celebración, la música es un componente fundamental debido al influjo que tiene sobre las emociones y los estados de ánimo de los invitados. Además, los alimentos son otro componente clave de la fiesta; mientras que la comida sacia el apetito corporal, la música sacia los apetitos del alma. Cualquier fiesta implica la celebración de algún suceso, por ello tanto la mente como el espíritu de los invitados pueden gozar plenamente de dicha celebración. Los alimentos permiten degustar platillos deliciosos preparados para la ocasión, mientras que la música decora, a través de la escucha, los motivos de la celebración.

Sin lugar a duda, el patrimonio histórico de Santiago de Querétaro se sostiene sobre el patrimonio arquitectónico de los templos construidos durante la época novohispana. Sin embargo, cuando hablamos de patrimonio cultural también debemos considerar el patrimonio inmaterial que, como la música entonada en los conciertos navideños, también es un pilar fundamental de la cultura. El pasado 17 de diciembre, el Coro Coral Operístico Santiago dirigido por la maestra Lucía Tapia Muñoz ofreció un luminoso concierto, iniciando su repertorio con el bellísimo villancico tradicional inglés “The First Noel” (a capela). Posteriormente, el coro queretano también interpretó “Let It Be Known,” “Minuit, chrétiens” de la autoría de Adolphe ADAM y Placide CAPPEAU, “The Virgin Had a Baby Boy” villancico popular tradicional del Caribe y “Adeste Fideles” un himno navideño en latín.
Este año, en el quingentésimo aniversario de la presencia de la orden en tierras mexicanas, es fundamental recordar el legado de los frailes que se embarcaron rumbo a estas bellísimas tierras desde el Viejo Continente.
El repertorio de la maestra Tapia Muñoz fue de tal belleza que incorporó villancicos e himnos en distintas lenguas: inglés, castellano, latín y originarias mexicanas. “Jicochi, Jicochi” es un villancico indígena-mestizo muy común de la Navidad en comunidades indígenas del centro y norte de México. Mientras que “Los Reyes Magos” es un villancico de la región andina (Perú, Bolivia, Ecuador y norte de Chile, Argentina). El concierto terminó cuando el coro entonó “Un Año Más” de Nacho Cano y cerró con el “Gloria” de Antonio VIVALDI compuesta aproximadamente en 1715.

Un concierto navideño en el Templo de San Antonio de Padua es un evento fundamental debido a la relevancia de la Orden de San Francisco en la historia de México. Este año, en el quingentésimo aniversario de la presencia de la orden en tierras mexicanas, es fundamental recordar el legado de los frailes que se embarcaron rumbo a estas bellísimas tierras desde el Viejo Continente. El legado de fray Toribio de Benavente, fray Pedro de Gante, fray Bernardino de Sahagún, así como de una pléyade de frailes que ha contribuido a la vida religiosa y cultural del pueblo mexicano, es inconmensurable. La identidad de México no sería la misma sin la generosa y luminosa impronta que los frailes franciscanos han dejado a su paso por nuestra noble y fructífera tierra mexicana.
Era 1525 cuando los frailes franciscanos llegaron a la región lacustre de Michoacán (a la ciudad de Tzintuntzan) a petición del rey purépecha Caltzontzin Tanganxoan.
En una época donde las dinámicas sociales, económicas y políticas se tornan una vorágine de demandas, expectativas y actividades, la Navidad debe convertirse en una época donde la paz impere. El sentido fundamental de la época navideña sí debe ser festivo, pero no de tal forma que lleguemos agotados y extenuados al 25 de diciembre. Por el contrario, la Navidad debe ser un día de alegría, paz y dicha al saber que estamos en vísperas del cierre de un año y que nuestro tiempo ha sido valioso por los momentos compartidos con nuestros seres queridos. La Navidad debe volver a ser ese momento del año que permita a las personas, creyentes o no, meditar sobre lo acontecido durante el año, así como reflexionar sobre los planes y proyectos del siguiente.

Finalmente, insistimos en que la recepción del Coro Coral Operístico Santiago en el templo de San Antonio nos brindó un momento de paz y gozo a los asistentes al concierto. 2025 no fue un año fácil para nadie, y por el contrario, hubo un sin número de desafíos que superar; en este sentido, un concierto navideño es una gran oportunidad para encontrar sosiego y regocijo. En México sería deseable que, así como lo han hecho los templos de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús del Centro Histórico de Querétaro junto con el Coro Coral Operístico Santiago, pueda replicarse en cada uno de los templos del país los conciertos navideños. Sin lugar a duda, ello redundaría en que la magia del concierto navideño se descubra cuando los asistentes puedan volver a comprender el verdadero significado de la Navidad: la alegría y el gozo por la llegada de Nuestro Dios hecho hombre.
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